¿Un Traductor profesional debe renunciar a un encargo si no está preparado para abordarlo?

¿Rechazar un encargo en los tiempos que corren? Ni pensarlo, pensaran algunos.

El objetivo final de un buen Traductor Profesional siempre es ofrecer un servicio óptimo a su cliente e intentar satisfacer sus expectativas para obtener futuros encargos. Por lo tanto, la disponibilidad, la seriedad, la competencia y el compromiso son características que dirán mucho de su profesionalidad. Ahora bien, ¿qué sucede cuando el traductor no se encuentra totalmente preparado para realizar la actividad?

Es aquí donde la toma de decisiones y el código deontológico del profesional adquieren importancia. En la práctica, el Traductor profesional escoge entre diferentes alternativas que no se definen entre buenas y malas sino entre distintos criterios que pueden entrar en conflicto. Por ejemplo, en ocasiones el Traductor o la Agencia de Traducción se ve forzada a elegir entre la rentabilidad económica y sus principios éticos.

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¿Qué factores pues se han de tener en cuenta antes de rechazar un encargo? Algunos de los códigos deontológicos nos recuerdan que para realizar la actividad de forma idónea hay que considerar principalmente:

* Aceptar aquellos encargos para los que el Traductor está preparado. Esto supone una formación académica continua y un dominio de las lenguas de trabajo, así como de su área de especialidad. No es necesario ser excelente en todas las competencias para poder ejercer, de ser así jamás ejerceríamos porque la formación en esta profesión es, o debería ser, continua. Sin embargo, existe una gran diferencia entre carecer de años de experiencia y aceptar un encargo especializado diferente a nuestra especialidad o con un par lingüístico que no se domina (p.ej. nuestras lenguas C y D).

* Rechazar un encargo si no se puede garantizar su calidad, ya que todo profesional sabe que un trabajo bien hecho requiere de tiempo y documentación. Así, la falta de tiempo y los plazos ajustados siempre irán en detrimento de la calidad. Aunque los encargos «para ayer» son recurrentes en la profesión, un buen traductor  y una Agencia de Traducción profesional debe conocer el límite de encargos que puede realizar satisfactoriamente.

* Como dice el refrán, «quien mucho abarca, poco aprieta». Un ritmo frenético y un nivel de estrés descontrolado reducen la concentración y producen pérdidas importantes de información. Si la exigencia del encargo ha afectado al estado físico (enfermedad o fatiga) o mental del profesional, lo mejor es bajar el ritmo y renunciar a más encargos.

En definitiva, antes de tomar una decisión, en CBlingua, creemos que es importante crear un sistema de prioridades que distinga lo importante de lo urgente y, ante imprevistos, pedir o bien, un relevo u colaboración a otros traductores o bien, pasar el encargo tras haberlo consultado con el cliente.

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