Traducción directa y traducción inversa

traducción directa

En primer lugar, quiero introducir una explicación muy breve para aquellos que no estéis muy metidos aun en el mundillo de la traducción. En nuestra jerga, entendemos la traducción directa como aquella que se produce desde una de las lenguas de trabajo hacia la lengua materna (en mi caso, el español). Por el contrario, la traducción inversa consiste en la traducción desde la propia lengua hacia una de las lenguas de trabajo extranjeras.

En general, los traductores trabajamos con mayor frecuencia hacia nuestra lengua materna. No obstante, el mercado y la elevada demanda de traducciones a idiomas distintos al español (por mucho que nos encontremos en España) nos obliga a traducir de manera inversa si queremos ser competentes y estar a la altura de las exigencias del mercado actual.

Traducción inversa

Consejos para la traducción hacia un idioma distinto al nuestro

Traducir hacia un idioma distinto al nuestro no es una tarea tan imposible si contamos con buenas fuentes documentales, un revisor nativo y los siguientes consejos:

  • Ser fieles al original: tanto en traducción directa como inversa, es obligación del traductor no incluir nada que no esté en el texto original ni omitir algo que sí aparezca en él.
  • Redactar un texto que respete las tendencias de la lengua meta: para traducir bien es fundamental conocer prácticamente a la perfección el idioma hacia el cual se traduce. Si nos “despegamos” del texto origen, evitaremos caer en errores idiomáticos y respetaremos las normas de la lengua meta. Por ejemplo, en el caso de la traducción de inglés a español (mis principales lenguas de trabajo), es frecuente abusar de la voz pasiva. Muchas de ellas son incorrectas (por ejemplo, las que se forman con verbos intransitivos en español), mientras que otras son sencillamente poco naturales.
  • Ojo con los falsos amigos y los extranjerismos: los falsos amigos o false friends constituyen uno de los principales problemas del traductor, ya que en ocasiones caemos en la tentación de no comprobar las correspondencias y damos por hecho lo que parece evidente, pero que en realidad no tiene nada que ver. Esto sucede mucho en la traducción directa, pero también en la inversa. Al traducir hacia el inglés, por ejemplo, es fácil caer en el error de creer que algunas palabras terminan en –tion o –ty, simplemente por ser terminaciones muy comunes en ese idioma. El caso de los extranjerismos, sin embargo, está más presente en la traducción directa. En la actualidad, existe una tendencia muy pronunciada hacia el uso de extranjerismos, cuando en realidad tenemos vocablos en nuestra lengua que funcionan igual de bien, o mejor. Es preferible usar el término de la lengua de destino si este está asentado y generalmente aceptado.
  • No hay que cegarse con los significados literales de las palabras: un buen traductor tiene que saber siempre cómo trasladar el sentido de las expresiones. Un ejemplo de esta dificultad sería la traducción de frases hechas o refranes. Por ejemplo, mientras que un español diría “llueve a cántaros”, un inglés utilizaría la expresión “it’s raining cats and dogs”. Un buen traductor debe ser curioso con el lenguaje.
    traducción directa

Sumado a todo lo anterior, la regla de oro para cualquier traducción, ya sea directa o inversa, consiste en contar todo lo que cuenta el original y no decir nada que el original no diga, todo ello con corrección y naturalidad que la lengua meta exige.

Sobre Carolina Balsa Cirrito 157 Artículos
Gerente - Directora. Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada.

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