La traducción jurada de la declaración de impuestos

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Los traductores jurados estamos bastante habituados al lenguaje jurídico, tanto, que se convierte en nuestro hábitat natural y nos resulta verdaderamente difícil redactar cualquier texto que tenga que tener un lenguaje diferente. A los que se dedican profesionalmente a la traducción, esto no les sonará a chino.

Cuando te dedicas profesionalmente a la traducción jurada, la mayor parte de los textos que caen en tus manos están plagados de terminología jurídica del ámbito civil, penal, laboral o mercantil que, con el tiempo y mucho estudio, acabas dominando. La dificultad que entraña este tipo de textos es más que conocida, aunque comparada con la traducción fiscal es un camino de rosas.

Como realizar traducciones juradas de documentos fiscales

Las traducciones fiscales que realizamos habitualmente en nuestra agencia de traducción se extienden desde declaraciones del IRPF hasta modelos 036. El problema de la traducción fiscal es que los sistemas de tributación varían muchísimo de un país a otro. Cada país contempla unas deducciones fiscales muy propias y tiene planes propios especialmente diseñados para su situación económica y social. Es decir, no existen, en la mayoría de los casos, equivalentes perfectos, incluso, equivalentes funcionales. Esto exige que el traductor realice una infinidad de traducciones explicativas, incluya muchas notas al pie y se dedique a “descodificar” multitud de siglas, porque, especialmente en los formularios de declaraciones de impuestos, éstas ocupan la mayor parte del texto.

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Otra cuestión importante es la utilidad de traducir estos modelos, ya que en la mayoría de los casos se trata de formularios bastante amplios que no se llegan a rellenar por completo. Es más, una persona física cuyos ingresos se limiten a los rendimientos del trabajo completará apenas un 5% del formulario. Teniendo esto en mente, es normal que nuestros clientes se desesperen cuando, por ejemplo, en Francia, se les solicita la declaración de la renta completa, con el coste que ello supone.

Algunas barreras en la traducción fiscal

Nuestros clientes nos solicitan la traducción jurada de estos documentos porque son los que habitualmente se entregan en España cuando se necesita conocer nuestra “renta” o nuestro sistema de tributación. No ocurre así en países como Francia y, por este motivo, muchos de nuestros clientes se encuentran con verdaderos problemas a la hora de justificar sus ingresos en este país, a pesar de presentar una traducción (normalmente parcial) perfectamente ejecutada y legal.

En el caso de tener que justificar nuestros ingresos en Francia, lo que se nos requiere es un “avis d’impôt”, que es un documento que nos remite automáticamente la Administración fiscal francesa una vez hemos presentado nuestra declaración, digamos que es algo así como un “certificado tributario“. Pues bien, este documento (al menos uno muy similar) existe en España y se puede solicitar a través de nuestro certificado digital en la página de la Agencia Tributaria, de esta forma nos ahorramos traducir una cantidad innecesaria de páginas de nuestra declaración.

Desde CBLingua recomendamos encarecidamente a nuestros clientes que se traduzcan este tipo de certificados tributarios y no las declaraciones de la renta completas por tres motivos: el primero es que la declaración la firmamos los particulares, por lo tanto, no se trata de un documento emitido por la Administración fiscal, lo segundo, porque nos ahorraremos mucho dinero y, lo tercero, porque ganaremos muchísimo tiempo. Y por supuesto, las traducciones fiscales deben ser traducidas por un traductor jurado especialista en el ámbito tributario que certifique con su firma y sello que la traducción es fiel al original.

Sobre Carolina Balsa Cirrito 157 Artículos
Gerente - Directora. Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada.

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