La traducción jurada: aspectos formales antes y después de la tecnología

traducción de sellos

Ya hemos comentado en alguna que otra ocasión que el trabajo de los traductores juradosse asemeja mucho al de los notarios y eso incluye las herramientas de trabajo. Los traductores son profesionales cuyos ámbitos de especialización son muy variados y que se ven obligados a estar continuamente al día en todos los aspectos: tecnología, terminología, legislación, etc. Sin embargo, las nuevas generaciones de traductores jurados se ven limitados por los tradicionalismos de la profesión y por las cuestiones legales que rodean esta práctica profesional. Criticados por muchos veteranos y examinados al milímetro por los que, aun con ansias de cambiar, siguen influenciados por un método desfasado en cuanto a la presentación de las traducciones, su formato y sus condicionantes para la legalidad de las mismas.

Los inicios de la traducción jurada

En los años ochenta, a falta de un reglamento que rigiese los aspectos formales de la traducción jurada y los límites que existían en cuanto a las herramientas de trabajo, pensemos por ejemplo en que de lo único de lo que disponían era de una máquina de escribir, muchos traductores optaron por un método descriptivo de todo lo que se observaba en el documento original y tuviera un formato accesible, limpio y actualizado para su época. El resultado era magnífico teniendo en cuenta las posibilidades del momento, pero, obviamente, no facilita ni la comprensión del texto, ni la localización de información del original en la traducción y viceversa. La fidelidad al formato no sólo no era una prioridad, sino que ni siquiera era posible. Veamos un ejemplo de lo que podría ser una traducción jurada de un libro de familia de los setenta, bastante escasa en formato, la verdad.

Traducción jurada libro de familia

Pongámonos en situación, en los años ochenta las administraciones públicas, que son las que emiten los documentos que son mayoritariamente objeto de traducciones juradas, tampoco disponían de medios para el tratamiento de documentos con distintos formatos y sólo los documentos tipo se beneficiaban de tipografías distintas a las de las máquinas de escribir, como se puede observar en el ejemplo. Por lo tanto, podemos decir que los traductores jurados de la época no necesitaban en la mayoría de los casos recurrir a otras técnicas para facilitar la lectura de las traducciones, les quedaban casi calcadas. El único desafío formal eran los sellos, logotipos o emblemas que en aquél momento se solventaba con la descripción precisa de los mismos, técnica que aún hoy siguen utilizando muchos traductores. Vemos a continuación un documento en el que aparecen al menos 9 sellos, superpuestos algunos, estampados por distintos organismos.

sellos traductor jurado

La traducción de sellos, emblemas o logotipos

Los que reniegan de las nuevas tecnologías describirían sello a sello precisando la forma, el color, etc. y aún así el resultado sería bastante lioso. Los que están a favor de aplicar las tecnologías a la traducción jurada utilizarían las autoformas y el WordArt de Word para “calcar” los sellos. El resultado sería claramente mejor en el segundo caso, aunque aún hay algunos que dicen que eso no se puede hacer. La verdad es que no he encontrado ninguna ley, reglamento, norma o similar que prohíba esta práctica ni que ofrezca instrucciones en el marco de la ley de cómo llevar a cabo la traducción de sellos y, además, no se me ha ocurrido ningún motivo razonable por el que no utilizarlo. En nuestra agencia de traducción somos partidarios de conservar el formato del original en la medida de lo posible y siempre teniendo en cuenta que presentamos las traducciones en papel timbrado, por lo que el espacio es un poco escaso.

Desde nuestro punto de vista, hay que desterrar prácticas que vienen determinadas por los sectores más tradicionalistas de nuestra profesión y que en nada ayudan ni al cliente, ni a nosotros como traductores. Más teniendo en cuenta que hay que primar la legibilidad y la comprensión del texto, más aún sabiendo que en la actualidad el componente estético es un punto clave para cualquier empresa de traducción o de otra clase.

Sobre Carolina Balsa Cirrito 157 Artículos

Gerente – Directora. Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada.

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