La localización en la traducción

La localización en la traducción.

A menudo pensamos que la única labor de un traductor es trasladar un texto de una lengua a otra. Pero eso no es así. Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, y el trabajo del traductor se vuelve cada vez más complejo. Comienza a abarcar muchos más aspectos que la mera reproducción literal de un texto escrito en una lengua en otro idioma. En los últimos tiempos se ha acuñado el término de «localización», una palabra con la que muchos no están familiarizados y que proporciona una descripción mucho más precisa de la labor que realizan estas personas.

¿En qué consiste esto de la localización?

Se trata de la adaptación de un mensaje creado en una cultura origen a una cultura meta. Mientras que la traducción se centra más bien en el texto escrito, la localización incluye, además, otro tipo de elementos que hacen que el mensaje sea trasladado con éxito a la cultura meta. Esto pueden ser imágenes, tipografías utilizadas, forma de maquetación, etc. Bien es cierto que quizás, en el mundo occidental, estas diferencias no sean tan acusadas, facilitando así la labor del traductor. Pero, ¿qué pasa cuando la cultura meta no se asemeja en absoluto con la origen?

La importancia de la localización.

localizaciónA modo de ejemplo, nos gustaría presentar el fracaso comercial de una conocida marca de detergentes en países árabes. La compañía lanzó un anuncio en el que se veían tres imágenes dispuestas horizontalmente de izquierda a derecha. Estas imágenes eran: una camisa sucia, el producto en cuestión y una camisa blanca. Hasta aquí todo parece normal, ¿verdad?

El anuncio estaba ideado para el mercado europeo y americano. Continentes donde las lenguas habladas se escriben, por lo general, de izquierda a derecha. Nuestros ojos, de manera automática, descifran los mensajes con los que nos encontramos también en la dirección mencionada.

Ahora bien, al contrario que las lenguas europeas, el árabe se escribe de derecha a izquierda. Por ello es lógico pensar que los ojos de los arabófonos descifren, de manera inconsciente, los mensajes en esa dirección también. Nombremos de nuevo la secuencia de imágenes, esta vez tal y como la verían los ojos árabes: camisa blanca, el producto en cuestión, camisa sucia.

―¿Acaso voy a gastarme el dinero en comprar un producto que ensucia mi ropa? ― pensarían los compradores potenciales. Obviamente, tras analizar el porqué del fracaso, la compañía adaptó el mensaje al público meta y el asunto quedó zanjado.

Pues bien, como esta historia habrá otras tantas, producto de una mala adaptación del mensaje original a la cultura meta. En otras palabras, de una mala localización. En este mundo que cada vez tiene menos barreras, la labor de localización llevada a cabo por los traductores es cada vez más imprescindible.

Como broche final os dejamos un enlace a un artículo interesantísimo que versa sobre la localización de las marcas registradas a la lengua china.

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