El traductor jurado como mediador profesional

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Las funciones que cumplen los traductores jurados se confunden con frecuencia con las de un mero diccionario. Nada más lejos de la realidad. Es bien sabido que los traductores conocen uno o varios idiomas, sin embargo, es infrecuente que se conozca su papel como mediador cultural.

La mediación no implica necesariamente la solución de una confrontación o un conflicto, pero sí de una situación de divergencia. La figura del mediador es aquella que pone de manifiesto esas diferencias y las resuelve de un modo satisfactorio para ambas partes. Por consiguiente, el contraste entre culturas jurídicas es lo que podría entenderse como el origen que da paso al traductor jurado profesional.

Las competencias profesionales del traductor jurado

Las competencias profesionales requeridas para ejercer la profesión de traductor jurado comienzan con un conocimiento profundo de los sistemas jurídicos que entran en contacto, pero no solo en lo relativo a la legislación en sí, sino, todavía más importante, a su aplicación. De este modo, el traductor jurado ha de ser consciente de que los textos se rigen por convencionalismos textuales y, también, culturales. Esto provoca que, por ejemplo, un contrato en francés difiera de uno en español, aun tratando el mismo asunto, o que, los estatutos de una sociedad con sede en España deban formalizarse siempre ante notario, mientras que los de una empresa afincada en Argelia se limitan al ámbito privado.

En este sentido, el traductor jurado profesional es el único capaz de unir dos culturas jurídicas sin traicionar ni los propósitos de la de origen, ni las expectativas de la de destino. El principio fundamental de todo traductor profesional será siempre la fidelidad al original y la naturalización del texto traducido. Pero… ¿a qué se refieren los traductores cuando afirman que el texto es fiel a su original?<7p>
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Básicamente, la fidelidad de la traducción jurada se sustenta en trasladar el mensaje de un texto de origen y hacer que tanto su contenido, como su forma, funcionen en la cultura de llegada. Es imprescindible, por tanto, que el traductor active sus cualidades interpretativas, que, en ningún caso, pueden verse frenadas por recurrir a la tan socorrida traducción literal. Esta es precisamente la marca que distingue una traducción profesional de una traducción realizada por un aficionado. A modo de ejemplo, cuando en unas capitulaciones matrimoniales en España se indica que el matrimonio se regirá por el régimen legal supletorio, no podemos limitarnos a traducir el término, sino que habrá que conocer cuál es ese régimen en España y si es distinto del que se aplica en el país de destino. Así, un término de escasa dificultad, se convierte en una odisea cuando un traductor no conoce la ley de ambos países. La traducción fiel deja de serlo cuando se restringe al término y no tiene en cuenta las situaciones jurídicas en las que desemboca.

La naturalización, por su parte, se hace evidente cuando el traductor jurado ha utilizado estrategias de traducción condicionadas siempre por el objetivo de fidelidad. Esta tarea que a priori puede resultar sencilla, se dificulta cuando entran en contacto dos culturas que a simple vista parecen presentar más similitudes que diferencias. No obstante, las lenguas las crea el pueblo y el derecho también y, en este caso, cada sistema jurídico responde a la tradición y a las necesidades particulares de la sociedad en la que se encuadra y, por tanto, posee una personalidad propia únicamente limitada por las posibilidades del lenguaje, pero, en esto último, ya somos expertos.

Me dirijo especialmente a mis colegas, los traductores incansables, fieles y leales amantes del idioma, cuando afirmo que nuestro trabajo tiene un valor social que exige de nosotros nuestra completa dedicación, esfuerzo y responsabilidad. Estas exigencias son inherentes a nuestra labor y constituyen nuestras máximas profesionales.

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Sobre Carolina Balsa Cirrito 157 Artículos
Gerente - Directora. Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada.

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