Diario de un traductor jurado en ciernes

Students in an exam

Diario de un traductor jurado en ciernes

Sábado 16 de septiembre de 2017.
11 de la mañana.
Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.
Universidad Politécnica de Madrid.

Después de tanto tiempo esperando, por fin ha llegado el día. En los pasillos de la Escuela se palpan los nervios de todos los aspirantes a conseguir el ansiado sello.

Poco a poco vamos entrando todos. Busco el sobre con mi nombre. El sobre que contiene el cuadernillo con las 55 preguntas del millón.

Lo encuentro. Me siento. Saco mi DNI y respiro hondo. Alea jacta est.

Pistoletazo de salida. Por delante, 75 minutos para responder de la mejor manera posible a las 55 preguntas. Miro a mi alrededor. Veo a algunos compañeros con cara de alivio. Otros, sin embargo, arquean las cejas con cara de asombro (¿lucro qué?). Me concentro en mi papel y empiezo.

El examen para Traductor Jurado.

Es el primer ejercicio de un total de tres que conforman el examen para la obtención del título de Traductor/a-Intérprete Jurado/a. Se trata de un examen tipo test de 50 preguntas (más otras 5 de reserva) sobre gramática y terminología jurídica. No está permitido el uso de móviles ni dispositivos electrónicos. Tampoco de diccionarios ni otro tipo de material.

Este año únicamente se ha convocado la lengua inglesa. Nuestro protagonista lleva tiempo preparando el examen y todo agosto haciendo test y leyendo la Constitución y algunos manuales de Derecho. Volvemos con él.

Calculo mentalmente si me ha ido bien o mal. Estas 35 seguro que están bien (35 puntos); en otras 10 dudo; suponiendo que 4 las tenga mal (2 puntos menos); y la que he dejado en blanco 0,25 menos. Madre mía qué tensión.

Ha pasado una hora y cinco minutos. Ya he repasado mis respuestas 4 veces. Es tontería que siga haciéndolo. Los últimos 10 minutos se me hacen eternos.

Se acabó. Empiezan a recoger las hojas con las respuestas. Ya llegan. Entrego y empiezan a dejarnos salir. Mientras me acerco a la puerta todo son dudas. “¿Qué había puesto en la  3? ¿Cicerón?”

Salgo al pasillo. A ver qué tal los compañeros. Mientras los busco oigo palabras sueltas: “¡ungía! ¡afidávit! ¡mora! ¡elusión fiscal!”. Todas se mezclan en mi cabeza y decido salir fuera. Allí están mis compañeros. Parecen contentos.

La tensión empieza a desaparecer y decidimos ir a celebrarlo. Ahora solo queda esperar la publicación de la plantilla de respuestas y confiar en que el esfuerzo haya merecido la pena. Solo hay dos opciones: APTO o NO APTO.

Continuará…

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